La hija de Jairo Mc. 5, 35 – 6,1a

“Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:      
 -  Tu hija ha muerto ¿Para qué molestar ya al maestro?

Pero Jesús, sin hacer caso del mensaje que transmitían, le dijo al jefe de la sinagoga:    
 -  No temas, ten fe y basta.

No  dejó que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y contempló el alboroto de los que lloraban gritando sin parar. Luego entró y les dijo:
 -  ¿Qué alboroto y qué llantos son éstos? La chiquilla no ha muerto, está durmiendo.

Ellos reían de él.

Pero él, después de echarlos fuera a todos, se llevó consigo al padre de la chiquilla, a la madre y a los que habían ido con él y fue adonde estaba la chiquilla.

Cogió a la chiquilla de la mano y le dijo:

-          Talitha, qum (que significa: “muchacha, a ti te digo, levántate”)

Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echo a andar (tenía doce años) Se quedaron viendo visiones.

Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

Y salió de aquel lugar”


Comentario
Vemos a los personajes de la escena: El jefe de la sinagoga, Jesús, Pedro, Santiago y Juan, los que están en la casa de Jairo y vienen a avisarlo, la muchacha, su madre.

A los que vienen a avisar a Jairo no les gusta la decisión de este de acudir a Jesús, por eso se apresuran de avisarlo de la muerte de la niña, no les gusta la idea de que Jesús entre en la casa de Jairo. Jesús que ha quedado fuera de la Ley, entra en la casa de un jefe del sistema opresor.

Jesús estaba ya impuro y ahora vuelve otra vez a tocar la impureza, tocando a un muerto. Tocar a los muertos transmitía también la impureza.

Admiro a este Jesús que no tiene miedo de la impureza, él ve solamente al ser humano herido, marginado, sufriente. Lo suyo es la compasión.

Jairo se ha saltado todas las normas por salvar a su hija, muestra su amor por ella, pero se equivoca al nombrarla. Habla de “mi hijita”, dice también “chiquilla”. Se equivoca al hacer una valoración de su hija. Con esto su afecto no llega a la muchacha, esta no se reconoce a sí misma en el amor de su padre, es como si su padre amara a otra persona, pero no a ella. Y esta falta de amor la mantiene postrada, sin vida.

Tampoco el amor de su madre  le llega, sin embargo ésta la ama profundamente y llora por ella. Pero la muchacha no encuentra su identidad, permanece sin vida. El amor de su madre que la podría llenar de vitalidad no la alcanza.

Jesús, al ver a la niña, la reconoce, le devuelve su identidad. Le da un nombre “muchacha” esto es: mujer en edad núbil. Y en un gesto de ternura, la coge de la mano y le devuelve la vida. Le toma la mano como un joven desposado tomaría la mano de su desposada.
Pedro, Santiago y Juan están presentes. Jesús se los lleva para hacerlos testigos, porque a ellos les costaba creer, tenían demasiada rabia contenida.



  • ¿Sientes que los demás no te reconocen en lo que eres? Jesús te conoce bien por dentro, el sabe reconocerte y llamarte por tu nombre
  • ¿Qué nombre te parece que te pondría Jesús hoy? Tu nombre, tu identidad tiene que ver con un rasgo marcado de tu personalidad ¿cuál es?


                                                          

                                                 Inma Fabregat







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